CÓRDOBA SOLA Y YA SORDA

Escuché en la radio esta frase y todavía no he sido capaz de asumirla. «Quiero que me diga, estrictamente, qué artículo quiere usted apelar a que yo haga de cumplir del reglamento». Su autor, Juan Pablo Durán, presidente del Parlamento de Andalucía, la pronunció en un rifirrafe con una portavoz de la oposición en una de esas sesiones tediosas que se repiten cada semana en ese páramo que componen las cámaras legislativas regionales. Durán describió a la perfección con semejante artilugio sintáctico el paupérrimo nivel intelectual del ejército de políticos del segundo escalafón que pueblan los hemiciclos parapetados en el búnker de las listas cerradas, las regalías y las escaramuzas intestinas de cada partido. Durán, nacido en Córdoba, cuna de Luis de Góngora y Pablo García Baena, de Averroes, Séneca y Maimónides; solar de Fosforito y de Julio Romero de Torres, de Antonio Gala y Vicente Amigo. Córdoba, cercenada y sorda ya para no escuchar a Juan Pablo Durán destruir el idioma español hasta elevar las cotas de su asesinato a la más profunda raíz del esperpento. «Que yo haga de cumplir», aseveró su insigne señoría, estrictamente (sic) ataviada con corbata, levita y pluma. Apelar, que suena a cuchufleta y a rocambolesca jerigonza entre jurídica y tabernaria mientras la oposición no entendía nada, pero no porque cayera asombrada ante la frase del insigne presidente, no; no entendía porque no se escuchan. Digan lo que digan, no se escuchan, como aquel bellísimo poema de Baena: «El aire está esperando que de nuevo tu voz vuelva a oírse en el mundo». Mas no era la voz de Durán, acaso la de Góngora en uno de su sonetos: «Descaminado, enfermo, peregrino / en tenebrosa noche, con pie incierto / la confusión pisando del desierto / voces en vano dio, pasos sin tino». Como de Durán el terrible desatino y el triste conformismo de todo el pleno que no le afeó semejante trino. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja