CÉSAR LUENA VOTÓ NO

Al cihureño Miguel Chavarri le descarrajaron dos pistoleros de ETA nueve tiros en su despacho de Beasáin en 1979. Seis años después, Alejandro Sáenz, un riojano de 58 años que había nacido en la ya deshabitada aldea de Garranzo, era asesinado a las puertas de su casa el día en el que se jubilaba como jefe de puertas de la factoría de la Michelín de Lasarte. En ambos casos la banda terrorista reivindicó la autoría de los atentados pero nunca se supo de los autores materiales de los disparos. Estos dos casos corresponden a los 379 asesinatos de ETA sin resolver y son por los que una misión de eurodiputados viajará a España en el segundo semestre de este año para investigar las razones por las que han quedado en el siniestro limbo de la impunidad. El Partido Popular, Ciudadanos y Vox apoyaron la creación de dicha delegación y los socialistas europeos votaron en contra, entre ellos el eurodiputado riojano César Luena. El Grupo Socialista Europeo ha esgrimido diversas razones para explicar su oposición a esta misión de investigación pero a nadie se le escapa la necesaria abstención de Bildu para la investidura de Sánchez ni los acuerdos en Navarra con el partido aberztale para la presidencia de María Chivite y su recién alcanzado pacto para los presupuestos forales. Hay cosas que deberían estar muy por encima de las nefastas diatribas entre partidos políticos para alcanzar sus cuotas de poder y la memoria, justicia y defensa de las víctimas del terrorismo son uno de los patrimonios sagrados de nuestra democracia. No entiendo cómo el partido de Luena y sus socios de Podemos hacen bandera de la Memoria Histórica y actúan de esta forma ante el recuerdo más sangrante de atentados tan viles.

TODO ES MENTIRA

Todo es una mentira profunda, una mascarada, un ritual predecible, la falsa moneda como moneda de cambio desvergonzada y real. Hoy era sí pero no. No ayer, mañana tampoco. Sí es sí pero no si es no. Donde dije Diego dije Diego pero quería decir Ramón (lo que sucede es que no estábamos lo suficientemente atentos). La coherencia se ha convertido en un anhelo imposible, en un ademán invertebrado que se escurre por las gargantas salitrosas en las que anidan los huevos de la mentira como un ácido corrosivo de la inteligencia. Los palacios se han convertido en buhardillas, los bufones en líricos conformistas, los jueces en fiscales, los prelados en ratas miserables que husmean el hedor de las alcantarillas y se les hacen los dedos huéspedes antes de rumiar las cuentas del vecino. La rutina del poder genera un empacho mortal de ansiedad, la caricia de la moqueta se instala en el cerebro antes de llegar a la cartera. Se asoman al balcón del futuro asidos a una barandilla de oro. Todo aquello para desembocar en esto, aquel galope furioso convertido al fin en un triste rescoldo en un tribunal por un despido lastimero. ¿Han ido a comprarse un traje o lo tenían alquilado desde hace más de un año? No sonrían. Es mejor llorar. Ellos sí baten sus dientes en retirada del rictus porque provocan el llanto atribulado de las gaviotas que no los quisieron ver. No escatimen con sus esfuerzos, derróchenlos, derramen la leche y bébanse los vinos antes de que los escancien por la cara sus vecinos ricos ahora igualmente ricos pero atribulados y yacentes. Encima de la mesa un libro, un reloj y la foto de una chica que creo que era la hija del hombre que ya no tenía amantes. No me llamen loco, asómense a las noticias y después nos jugamos un jamón

ALMA Y SABIDURÍA

Siempre que aparece Madrid Fusión en el horizonte los aficionados a la gastronomía saben que pueden suceder cosas y cosas muy interesantes. El año pasado fue sencillamente increíble la ponencia de Ángel León, que junto al riojano David Chamorro, convirtieron el agua en una sal que se calentaba como si fuera una especie de pócima milagrosa. La cocina a veces salta de lo meramente gastronómico y se convierte en un asombro, en un juego donde la sorpresa se convierte en uno de sus principales ingredientes. En esta edición, Madrid Fusión se apareja a dos conceptos que pueden ser determinantes. El primero de ellos es la influencia que en un mundo cada vez más globalizado puede tener la llamada Inteligencia Artificial (IA). Es decir, saber al instante lo que se come en Nueva Delhi, en Singapur, Buenos Aires o Castañares de Rioja. Qué sabores priman en cada rincón del planeta, qué productos, qué elaboraciones. Por lo visto se ha creado una herramienta que deglute toda esa información y la convierte en manejable y comprensible. ¿Cambiará eso la forma de cocinar de nuestros chefs? ¿Les influirá a la hora de diseñar sus platos? Y también las derivadas que puede tener en el mundo de la alimentación... Y otra cuestión que tendrá cabida en el congreso gastronómico será la llamada esencialidad, el más con menos. La cocina española llega a este punto tras la revolución de Adrià y la siguiente generación de cocineros, unos verdaderos genios que han poblado el cielo de estrellas. Son verdaderos maestros de la técnica y de la creatividad, del ingenio..., Y ahora, el legado parece transformarse buscando en el fondo de los productos las leyes de esta nueva tendencia gastronómica. Le llaman 'Cocina esencial. La sencillez meditada'. Exploraraciones sobre la tendencia de la simplicidad aparente en la mesa pero con horas de trabajo ingente en la cocina. Y alma. Es edificante para la cocina riojana la presencia de Fernando Sáenz Duarte, que ha tomado el relevo de Francis Paniego en MF. El de Ezcaray debutó en 2014, volvió diez años después y la lió con la casquería. El heladero estará en el nudo gordiano del debate sobre la IA. El cocinero de Della Sera se ha convertido en una de las referencias centrales de nuestra cocina, un embajador irrepetible por la singularidad de todo su trabajo. Y le sobra alma, por esos sus helados son tan cálidos.

GARCÍA, ESE HOMBRE

Hace un mes Jesús María García, presidente del Parlamento de La Rioja, escribía en su blog que la «Constitución Española de 1978 está hoy más en peligro que nunca, más necesitada de respaldo. Que nadie se olvide de ello». La amenaza, según García, tiene un origen: los que «alardean de ser constitucionales, y de amar la Constitución y especialmente alguno de sus artículos (como el 155) y al mismo tiempo están reclamando la destrucción del Estado de las autonomías». Se refería a Vox, aunque ERC y Bilbu persigan sin ambages la voladura del Estado autonómico para fundar sus respectivas naciones con un indudable desprecio por la Constitución. Ambas formaciones políticas han sido fundamentales para la investidura de Pedro Sánchez, secretario general del partido del presidente del Parlamento de La Rioja, aunque claro, no pensaba en ellos. El miércoles, García publicó un tuit con cuatro ideas. La primera que la derecha utiliza al Rey para atentar contra la Democracia; la segunda que la derecha es fascista y que por lo tanto el Rey se tiene que desmarcar de la derecha fascista y que si no lo hace, tal vez sea el momento de que España se pronuncie sobre su futuro en las urnas. Todas las opiniones de García son sagradas; ahora bien, como presidente del Parlamento de La Rioja (del que ostenta su máxima representación), resulta imposible desligar lo que tuitea García a título personal y lo que García manifiesta como presidente del Parlamento. Ya lo decía San Agustín: yo soy dos y estoy en los dos por completo. «No es posible ser constitucional por la mañana y anticonstitucional por la noche», abundaba García en el mismo artículo de hace un mes. Y es exactamente lo que le sucede ahora, que piensa una cosa cuando es persona y dice otra cuando es ser humano.

DESEOS PARA 2020

Tengo muchos deseos gastronómicos para el año que nace ahora, un año que en pocos días tomará velocidad de crucero en Reale Seguros Madrid Fusión, donde un año más la presencia de La Rioja volverá a ser minúscula y en la que sólo aparecen las figuras de Fernando Sáenz y Pol Contreras; los dos en la esfera de la cocina dulce, aunque es cierto que el heladero logroñés estará en una de las ponencias más importantes del congreso disertando sobre la inteligencia artificial y las tendencias gastronómicas. Fernando es uno de los abanderados de la cocina riojana y dejará la huella de su talento tanto en su ponencia como en la presentación que hará sobre los almíbares. Hace un año en Degusta LA RIOJA ofrecimos un avance de un trabajo que tiene pinta de extraordinario. Ojalá que la cocina riojana tenga la presencia que se merece en próximas ediciones del evento gastronómico más importante del mundo pero para conseguirlo hay que comenzar a trabajar desde ahora mismo. Una buena noticia la ha ‘arrancado’ de La Rioja Capital el cocinero Óscar Torres, de la Chispa Adecuada, que se interrogó en las redes sociales por el Concurso de Pinchos de La Rioja y el retraso que llevaba acumulado este año. En las mismas redes contestó La Rioja Capital que el asunto está en marcha y que pronto tendremos novedades. Este concurso se ha convertido por méritos propios en uno de los pocos acontecimientos institucionales sobre la gastronomía y la verdad es que mueve a muchos cocineros de diferentes estamentos y localidades y tiene un efecto dinamizador y comercial de primer orden. El trabajo de la organización es ejemplar y el público en general disfruta de la creatividad de los cocineros. Ojalá que las novedades sean positivas y se apunten locales de toda La Rioja y los bares de ciudades con escasa participación como Haro den el paso y se apunten al concurso. En este caso es muy importante ganar, sin duda; pero la participación es un triunfo y un aliciente porque la visibilidad que obtiene cada local es muy reseñable. La cocina riojana, como todos los sectores, necesita de estímulos y de respuestas. Pilar Salas, la cronista gastronómica de la Agencia EFE nos contó la semana pasada que La Rioja es ejemplar en cuanto a iniciativas privadas. Y yo me acordé mucho del ‘Comando Rioja’ y de la que prepararon el año pasado por su cuenta y riesgo y por sorpresa en Madrid Fusión.

¿QUÉ PIENSAN LOS SOCIALISTAS RIOJANOS?

El todavía presidente en funciones Pedro Sánchez ha demostrado tener tan escasas convicciones ideológicas y personales que ya no resulta un escarnio reseñable enarbolar la infinidad de veces que había prometido hacer exactamente lo contrario a lo que finalmente se ha propuesto perpetrar. La terrible sensación es que llegado el momento, Sánchez tira de un pragmatismo frío y demoledor y no se le pone nada ni nadie por delante, ni tan siquiera España y ni mucho menos su propio partido, que asiste descabezado, atrofiado y mudo a la demolición de su credibilidad y los principios que le llevaron a configurarse como una parte medular del Consenso de 78, que ha propiciado los años más brillantes de la historia contemporánea de España después de dos siglos repletos de guerras civiles y de desastres. Me imagino lo insoportable que tiene que ser estar en la piel de cualquier socialista riojano (forme parte de la actual dirección o no; tenga un cargo o sea un militante de base) abochornado por el absoluto descrédito de su líder y por lo poco que le importa humillar las instituciones (Abogacía del Estado, Tribunal Supremo, Guardia Civil, Gobierno Foral de Navarra...) para lograr una investidura pírrica a cualquier precio que le pongan los independentistas que hace menos de un año dieron un golpe sedicioso contra la Constitución. Imagino que en privado, nuestros líderes regionales echaran por esa boquita lo que no está escrito... Pero nadie es capaz de decir ni media palabra más alta que otra en público. Ni aquí ni Extremadura ni en ningún otra región donde mande un socialista. Todos asisten en silencio cómplice al compromiso con el PNV de «adecuar la estructura del Estado atendiendo a los sentimientos nacionales de pertenencia» y a la «ventana de oportunidad» de Otegui.

CONTAR LA RIOJA, SU COCINA Y SUS VINOS

A veces tengo la sensación de que el periodismo es un oficio que te regala verdaderos privilegios. A mí me cayó uno cuando el director de LA RIOJA, José Luis Prusén, me llamó para encomendarme la información gastronómica. Lo confieso, me gustaba (y me gusta comer) pero ni por asomo podía imaginar que se iba a abrir un mundo absolutamente extraordinario en el que me iba a sentir como pez en el agua, en el que iba a conocer peripecias personales extraordinarias y en el que podía desarrollar una labor de aproximación nítida y profunda hacia nuestra tierra, sus productos, sus paisajes y sus personas. Acaba 2019, un año muy importante para la cocina riojana en el que la gastronomía nacional ha encumbrado al maestro Lorenzo Cañas. Premio a toda una vida; nunca un galardón se había hecho merecedor a un personaje así, tan grande, tan sencillo, tan extraordinario como es Lorenzo, padre de nuestra cocina, codificador máximo y generoso de toda generosidad. Y a su lado Chefe, la discreción infinita, uno de los abanderados de lo que ha de ser La Rioja como destino. En el ‘Degusta’ que tiene usted en sus manos, querida y querido lector, los cocineros de nuestra tierra relatan lo que sienten, en lo bueno y en lo malo, en el consenso y en la disidencia, en la necesidad de mejora que tiene la cocina riojana, sus necesidades y la apuesta que hay que hacer conjuntamente con el mundo del vino. Rioja en su máxima expresión, de territorio más allá de fronteras, de identidad siempre abierta a que uno de Alfaro sea el mejor japonés de Europa y de parte del Japón... Ésta es La Rioja que emociona y arrebata, la que los cocineros elaboran y varios de los mejores periodistas de España estudian y diseccionan. Pero hay mucho por hacer, problemas de fondo en cuanto al servicio y personal, un verdadero caballo de batalla para muchos empresarios de la restauración. Dice Pedro Barrio, presidente de la Academia de La Rioja, que el éxito es consecuencia de la honestidad. Me parece una reflexión fabulosa y necesaria. Aquí no regalan nada a nadie. El que es de mentira dura menos que un suspiro y es incapaz de generar nada bueno a su alrededor. La Rioja necesitan que la cuenten, que la exploren, que la relaten como se merece. Y en gastronomía sucede exactamente lo mismo. El vino es el mejor aliado. Tierra, producto, personas y emociones. Lo tenemos todo. Hagamos que sea realidad entre todos.

MEMORIA RIOJANA DEL TERRORISMO

Diez historias de riojanos marcados por el terrorismo

La dentellada del terrorismo no pasó de largo por La Rioja: 18 muertos nacidos en nuestra región dan fe de un fenómeno que vivió sus momentos más álgidos en 1980, con los atentados de la calle Ollerías y el ataque a un destacamento de la Guardia Civil en Villamediana. La bomba de Ollerías -el atentado más sangriento de ETA en La Rioja- se saldó con tres víctimas mortales: el comisario Carlos Valcárcel y los empresarios Miguel Ángel San Martín y Joaquín Martínez. Ese mismo año ETA atentó contra un convoy de la Guardia Civil que se dirigía a hacer prácticas en las obras de la Autopista Vasco-Aragonesa. El artefacto, compuesto por 45 kilos de Goma 2, amonal y metralla, acabó con la vida del teniente Francisco López Bescos e hirió a otros 32 guardias civiles, dos de ellos de extrema gravedad.
El resto de los riojanos asesinados perecieron fuera de la región y todavía existen tres casos sin resolver, sin juicio y sin sentencia, tal y como recogen los datos elaborados por la Asociación Riojana del Víctimas del Terrorismo. El origen de los 18 asesinados es toda La Rioja, puesto que hay fallecidos de Logroño, Aldeanueva, Alfaro, Berceo, Cihuri, El Redal, Enciso, Igea, Pradejón y Tudelilla. En este sangriento recuento tampoco faltan otros tipos de víctimas: heridos, amenazados y secuestrados, también recogidos en los archivos de una asociación que cuenta en nuestra comunidad con 84 personas y que fue fundada en el año 2010. Además, aunque la mayor parte de estos atentados mortales han sido obra de ETA, también aparecen víctimas de otras organizaciones terroristas como el Grapo, Comandos Autónomos Anticapitalistas, diversos grupos de extrema derecha y la Yihad islámica.
Diario LA RIOJA recorre diez historias de riojanos que han vivido en sus carnes el durísimo golpe de un atentado, el antes y el después que supone para una persona o sus familiares más cercanos vivir un acontecimiento tan duro, en ocasiones ignorado por buena parte de la sociedad y las dificultades que entraña superarlo y rehacer su vida. Diez historias marcadas por la superación y el esfuerzo, por el dolor y también por la esperanza que supone el reencuentro con la vida y la convivencia. Diez historias en las que no se clama venganza, sino justicia y que no se pase la hoja de la historia ante lo inolvidable. / Pablo García-Mancha. Martes, 17 abril 2018, 14:58













PACO IBÁÑEZ, ABUELITO CON UN CORAZÓN DE HIELO

(Crónica estupefacta del concierto de ayer en Riojafórum)

He pasado una mala noche tras el concierto de ayer de Paco Ibáñez en Riojafórum. He soñado con Malva Marina, la hija de Pablo Neruda que nació con hidrocefalia y a la que el eximio poeta dejó abandonada en un hospital de Madrid. La llamaba 'vampiresa de tres kilos' y Neruda llegó a decir de su hijita que era un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma. No lo contó Paco Ibáñez a la rendida concurrencia, sólo relató su encuentro con el rapsoda chileno en París y cómo le espetó en un ascensor que había nacido para cantar sus versos. Imitó el acento del poeta de los naufragios: 'Abandonado como los muelles en el alba / Es la hora de partir, ¡oh abandonado!', bellísima canción de un desalmado, pero bella al fin y al cabo.  Paco Ibáñez se quedó congelado en el Olympia de París en el 68 y ahí sigue. Un abuelito entrañable con un hilillo de voz en la garganta y con un corazón de hielo. Porque hay que tener frío como el mármol el centro del alma para cantar los dones de Ernesto Che Guevara para con la humanidad. ¡Soldadito boliviano! me sonó a tragedia y a muerte. El Che era un asesino sin escrúpulos, una máquina infernal de matar (*)

Pues bien, lo más acojonante de todo fue la cerradísima ovación que el numeroso público logroñés dispensó al genocida comunista nacido en Rosario (Argentina) en 1928. Me sonrojé profundamente. Aunque claro, la propaganda izquierdista ha hecho tanto por hacer del Che una especie de nuevo Cristo como la industria capitalista, que lo ha convertido en un puro eslogan tan vacío de contenido como el lema de la Coca-Cola. ¡La chispa de la vida! ¡Patria o muerte!

 En el rigor de esta noche mala que he vivido se me ha llegado a aparecer el Che Guevara con un pañuelo palestino montado en el burro con el que Paco Ibáñez de pequeño iba desde el caserío de Tolosa al Molino de Alkiza, que fue lo más bonito que cantó el viejo cantautor, que dijo que Cataluña era una nación civilizada -¡Faltaría más!- y que Iceta (¡Sí Iceta!) lleva razón porque España es una nación de naciones porque se hablan cuatro lenguas. Obviamente al anciano Paco Ibáñez se le olvidó contar y cantar que en muchos lugares de esta España llena de naciones no te dejan estudiar en español y te niegan el derecho a la diferencia que ha de conjugarse ineludiblemente en una nación libre de naciones emancipadas.

La canción que más me emocionó de toda la actuación la cantó en Euskera:
Zure Tristura, obra de Xabier Lete e Imanol.

Maitasuna maitasuna 
romantikoen uharte, 
penak desegingo zaitu 
odola izoztu arte. 

La bordó Paco Ibáñez. Pero claro, se le olvidó contar, entre las muchas historias de agravios que fue desgranando durante el revolucionario concierto, la historia de Imanol, el cantautor que hubo de exiliarse de Euskadi cuando la banda terrorista ETA decretó su muerte civil tras participar en un concierto de homenaje a Dolores González Katarain, 'Yoyes', asesinada por sus propios compañeros cuando se dio cuenta de la espiral de odio que había generado ella y su cohorte de salvajes. En el año 2000, Imanol se tuvo que ir de Euskadi asfixiado por el "ambiente irrespirable". Murió Imanol en Orihuela (su pueblo y el mío) cuatro años después de un derrame cerebral. No dijo nada Paco de todo esto. A pesar de que los americanos "han llenado de mierda la cultura española y la francesa". Los americanos son muy malos para Paco Ibáñez, los Israelitas, los Bancos, el dinero, el comercio, las armas, Franco, los curas (no sé si se refería a los de Monserrat, a los que fundaron ETA y no daban la extremaunción a los guardias civiles o a Leonardo Boff, los de la Teología de la Liberación o el Padre Ángel). No lo sé...

Así fue pasando el concierto. Palabras para Julia me reconcilió un segundo con el viejo demagogo vestido de negro que cobró a más de 30 euros cada localidad. Cosa que parece bien, pero que no venga con monsergas de lo malo que es el dinero y la avaricia del hombre. ¡Coño Paco!, a estas alturas, con esas soplapolleces. Me metí a la cama y soñé que me asaltaban americanos y me robaban los libros de Ezra Pound, los discos de Bod Dylan y hasta mis incunables de Tom Waits.

Se me volvió a aparecer el Ché Guevara con un pañuelo palestino, con Paco Ibáñez montado en el burro de su tío y la terrible y desoladora ovación que el público logroñés dispensó a la memoria del Che Guevara. ¡Patria o Muerte!

 (*) Recomiendo la lectura de este artículo publicado en El País en 2005

https://elpais.com/diario/2005/07/31/domingo/1122781958_850215.html

HOY IRÉ A VERTE, PACO

Cogí un tren y me fui a un parque de Zaragoza a escucharte. No sé si era verano ni puedo recordar el año pero pensé que sería la última vez. Allí estabas Paco Ibáñez, igual que en el Olympia de París, con tu pantalón y tu camisa negra, con tu cuello entreabierto, el labio de arriba sin comisura apenas, tu pelo cano, tu guitarra y el poema aquel de Luis Cernuda del español que hablaba de su tierra y con el que tantas veces me habías hecho llorar. Tú eras el mismo, pero yo ya no era el joven aprendiz de comunista que desgastó su magnetofón dándole al play a la misma cinta que acabó exhausta con sus cachitos de hierro y cromo destruidos por la inercia. Pensar tu nombre ahora envenena mis sueños, que cantaba Luis Cernuda a la España peregrina del destierro. Hoy voy a ir a verte, Paco, porque quizás tú no sigas siendo el mismo y yo, quién sabe, haya regresado a tu vereda de los proverbios y cantares machadianos, o aquel poema de Góngora -Dejadme llorar / orillas del mar- con el que confesaste que descubriste que la música pertenece al poema y que por eso no era necesaria la 'a' entre los dos versos. No sé si voy a llorar orillas del Ebro esta noche escuchándote cuando ataques el Nocturno de Alberti. Las palabras entonces no sirven, son palabras, humaredas perdidas, qué dolor de papeles que ha de borrar el viento... Siempre he pensado, admirado Paco, que deberías haberte quedado para siempre en el Olympia de París. Cantando una y otra vez las mismas canciones de la misma cinta y de la misma España revieja del franquismo con Franco en el Pardo y no en Mingorrubio. Paco, ojalá seas el mismo de siempre y yo nunca vuelva a ser un marchito aprendiz de comunista. Te amo e iré a verte.

DIVAGANDO

En una entrevista que le hice a Arcadi Espada me dijo que Ferran Adrià «es un enigma como persona y como creador. Nunca he sabido con certeza de dónde le viene su talento y su fuerza. Creo que existe algo inaprensible en talentos como el suyo, algo que se escapa a la razón». Una vez me pusieron frente a una pizarra redonda, con unos diez tipos a mi alrededor a los que sólo conocía de verlos por los pasillos de un congreso gastronómico yendo y viniendo como iba y venía yo y me preguntaron qué era y qué no era un restaurante. A veces a los periodistas nos suceden cosas fabulosas sobre las que no tenemos ni más mínima idea y de las que no somos capaces de averiguar casi nada. En otra ocasión tuve que entrevistar a Heston Blumenthal en inglés y entendí que existían ‘moléculas puente’ y que «una manzana es la suma de una serie de compuestos químicos asociados a aromas y sabores, y de estos, algunos tienen mayor impacto que otros». De ahí las ‘moléculas puente’ del cocinero londinense que llevaba las mismas gafas que Bono: «Estas moléculas ayudan a combinar ingredientes tan alejados entre ellos como el ajo y el café o la gelatina de mandarina con el whisky de Malta». Luego me miró a los ojos y me dijo que su teoría era «como un niño que escribe una historia de cohetes espaciales y no establece ningún límite a su imaginación». Tom Perry estaba a mi lado por si alguien es capaz de desmentirme. De hecho, Tom traducía. Durante muchos años he pensado que Perry nos tradujo a su libre albedrío las quisicosas de Heston Blumenthal, sus gafas a lo Bono y sus dos restaurantes, uno al que se debe ir al menos una vez en la vida y otro al que sus incondicionales van a diario estableciendo paridades inalterables entre las moléculas puente del cocinero, sus gafas y la historia del niño con cohetes espaciales. Y me acuerdo de aquella pizarra redonda en la que tenía que definir con diez tipos a los que no conocía de nada qué diablos era un restaurante. Comencé a pensar qué no era porque últimamente veía cosas parecidas a un restaurante, con cocinas similares a un restaurante, con platos de restaurante y camareros, pero en el fondo no era un restaurante. ¿Es el talento inaprensible de Ferran Adrià lo que ya nos condiciona sin saberlo para pensar un restaurante sencillo, con su platos, sus mesas y su cocina buena con o sin moléculas puente? Seguiré investigando...

TENDENCIA ENFERMIZA

Ha dicho el jefe de Comunicación de Pedro Sánchez que los periodistas son seres «insaciables». Miguel Ángel Oliver es el actual secretario de Estado de Comunicación (en funciones, supongo) y ha soltado la ‘reflexión’ en una mesa redonda titulada ‘El papel de la ética en el periodismo’. Y ha dicho más: «¿Todas las veces tienen que ser respondidas las preguntas? Políticamente, no». Según Oliver (que fue/es periodista), los periodistas debemos reconsiderar nuestra «tendencia enfermiza» a hacer preguntas. Y es más: «No debe haber un derecho a obtener respuestas». ¿Y cuál es el mal para Oliver? Pues que «todos los periodistas que hacen información de La Moncloa son tertulianos. Son actores políticos que trabajan como periodistas». Ni Fraga se hubiera atrevido. Ardo en ardores esperando a los ultraístas de la ética periodística poniendo los puntos sobre las íes (o la voz en el cielo) ante las declaraciones de Oliver; al Gran Wyoming y, sobre todo, a Iñaki Gabilondo, maestro de periodistas, pidiendo explicaciones con la misma vehemencia que lo hicieron ante el plasma rajoyano, que palidece como un parchís ante la estrategia en funciones del actual gobierno en funciones y sus portavocías oficiales: la amonestada Celaá y el laberíntico Oliver, que también se colocó en primera persona: «Los periodistas nos estamos convirtiendo en fiscales que reconvenimos al político y le afeamos la conducta por cosas que a mí no me gustan». Olé, con ole y olé, que diría Lola Flores, a la que Dios tenga en su gloria. Oliver es el síntoma de la enfermedad del político que se cree que el periodista es ‘un mal necesario’ y que todo lo que no sea redactar notas de prensa a su dictado es «una tendencia enfermiza».

VOX, EL ALIADO GROTESCO

Vox es una de las peores noticias que ha deparado la nueva (vieja) política española. Un partido que es puro sistema (con Abascal a la cabeza del asunto) travestido –sí, travestido– de antisistema, con un programa radical, maximalista e imposible de lograr como la desaparición de las Comunidades Autónomas o esa cerrazón absurda de la violencia de género. Vox es una especie de reducto ultramontano que desprecia al diferente (hasta los reyes magos han de ser blancos) y que ha colocado a la derecha liberal en uno de los mayores atolladeros de su historia. Y ahí aparece Pablo Casado petrificado y ausente ante la puesta en almoneda que está realizando Pedro Sánchez del Gobierno de España. Inés Arrimadas ha reaccionado después de la autoinmolación de Albert Rivera y Casado, que teme a Vox mucho más que a Feijóo, se ha quedado tan quieto que no es capaz de abrir la boca ni con el bochornoso escándalo de la cúpula de Podemos, de las acusaciones de sus abogados o de la tenebrosa huida a Argentina de Pablo Gentili, el oscuro jefe de gabinete de Pablo Iglesias, que ya se contempla a sí mismo de vicepresidente de un posible gobierno acunado por Junqueras desde la cárcel de Lledoners, o incluso desde fuera de ella en un plazo alucinantemente corto. Del PP no se sabe nada más allá de los geniales discursos de su portavoz en el parlamento de Cataluña, Alejandro Fernández, que ha invitado a Torra a cenar en Nochebuena en su casa. Es original, pero insuficiente. Vox se ha convertido en la mejor excusa de la ultraizquierda y de toda suerte de nacionalistas para apoyar el tacticismo de Sánchez y formar, merced a su ansia infinita de poder, el gobierno más grotesco y demencial de la democracia española.

RAQUEL

Estás en Alemania y te llaman de tu partido para que vayas en una lista por tu tierra. Vas. Llegas. Sin comerlo ni beberlo te haces fundamental para el cambio ‘progresista’ de La Rioja. Pero el que te llama de tu partido te dice que digas no. Es un numerito y lo sabes. Lo saben y es un numerito. Se monta el cirio pero menos. Te ponen a parir. Que si secuestras el cambio, que si no representas a los que dicen que representas, como si los que te acusan de ello no les sucediera lo mismito que a a ti. Atisbo que lo piensas con tu sonrisa de labios apretados. ¿A qué sí? Pasa el verano y te mantienes en silencio. Llega el envero y te vuelven a llamar. Te haces de rogar un poquito o así. Que si sí, que si no. Y es sí y por eso lloraste. Nos embarga la felicidad a todos y todas. Y te hacen consejera. Da igual de qué. Ya has llegado de Alemania vencedora y periodista, todo el mundo te conoce por tu nombre aunque te apellides Romero. Eres Raquel, de Podemos, o lo que quede de Podemos. No importa. Te han sacado en el Telediario sonriente y ahora ya feliz en tu escaño parlamentario de La Rioja en el que que está a puntito de hacerse profesional todo diputado y diputada. Dos veces más feliz, como consejera y parlamentaria solitaria que se trae desde mi Ciudad Real de las entretelas un número patafísico de asesores y estrategas para determinar la indeterminación de una Consejería que sirve para reafirmar la ‘mayoría de progreso’ que han dictaminado los votantes riojanos. No hay miedo a la disensión ni a la ruptura del pacto porque Raquel ya ha trascendido a Podemos y aquella izquierda que la votó en franca retirada. Hasta un director de cine ha venido a conformar el cenáculo más privado de la consejera que llegó para quedarse: Raquel.

COMER EN UN PUEBLO

Un pueblo que se encarama en la sierra, otro que parece desplomarse en un acantilado solitario e impreciso al que parecía imposible llegar con esa carretera que cortaba el hipo y que temíamos que nunca se iba a terminar. A lo lejos, la llanura reseca y hostil de Castilla, un perro raquítico que recorre un camino polvoriento y al fondo del cielo una nube casi transparente que apenas se divisa por la luz cegadora del medio día. He visto pueblos con más torres de iglesias que personas. Ayer mismo, contemplé un acontecimiento de tres niños con la mochila cargada de libros y deberes que pasaban frente a un bar donde dos tipos tomaban una cerveza y hablaban sobre algo. Un milagro estético en una puerta de madera biselada, con clavos relucientes y un tirador de plomo para abrir las cancelas. Una encina también hace un pueblo. Pueblos rodeados de encinas. Y una finca que se llama Encinasola en un mar de árboles y setas que aparecen y desaparecen como por ensalmo en cuanto el cielo deja escapar unas gotas de lluvia. He visto pueblos con escaleras por todos los sitios y las puertas entreabiertas con cortinas deshilachadas que se mueven a capricho del aire. Y las ramitas secas, y las aceras de piedra con casas pintadas de azul y señoras asomadas a la ventana viendo la vida como la contempla a ella, y solo a ella, tan contenta, con la cama recién hecha y los muebles sin una gota de polvo. Los trastos de la cocina los ha dejado para luego porque quiere asomarse para que la vea la gente lo feliz que es cuando pasan por su calle y huele al cocido que burbujea en la olla sin prisa y a salvo de tipos glotones como yo que meten la nariz en cualquier sitio sin que les importe nada. He visto algún pueblecito que huele a pan o a pescado frito, a croquetas; pueblos que rezuman limón y vino con señores que cargan con pesadas mochilas que parecen de plomo y se les escurren de las manos. He visto gente que vive en los pueblos con hambre de ciudad pero que prefieren acostarse con el sol vencido de los atardeceres con frío, de las puestas de sol con calor, de las tardes que mueren grises y sin relieve. Pero son sus tardes, tardes con horizontes despejados, con texturas de piedra, con pisadas por las calles que sabes casi siempre a quién pertenecen. He visto muchos pueblos y he ido feliz a comer a ellos. Comer en los restaurantes de los pueblos es comer verdades refractarias al desaliento urbanita.

CULTIVAR OTRA COCINA

A veces tengo la sensación de que la cocina vive en un estado de constante agitación mediática en el que resulta absolutamente necesario ‘inyectar’ en vena acontecimientos para estar siempre en la pretendida palestra de la fama y la popularidad. Entre todos hemos convertido a la figura del chef en un nuevo icono del ‘star system’ en el que importa bien poco lo que haga si su referencia mediática se encuentra a la altura de las expectativas que han depositado los medios, las redes sociales y las agencias de publicidad. Quizás la cocina sea otra cosa que va mucho más allá que el rutilante mundo de las escenificaciones globales de un mercado que como todos está condenado a devorando a sus propios hijos. Acaban de salir las estrellas Michelin, una vez más las expectativas generadas por los voceros de la propia guía y los distintos globos sonda estratégicamente colocados se han visto defraudadas por lo rutinario de su colofón final. Siguen existiendo locales magníficos olvidados sistemáticamente, estrellas enterradas en sí mismas que parecen imposible que crezcan a pesar de mantener un nivel más que asombroso desde hace más de veinte años e incorporaciones que atienden mucho más al ‘cocinero que todo lo convierte en oro’ que a la realidad de lo que significa crear de la nada un restaurante y ponerlo a funcionar con una perfección asombrosa. Yo siempre he creído en Michelin; pocas veces me ha defraudado uno de sus restaurantes recomendados aunque me haya decepcionado hondamente alguno de los más premiados cuando no se han cumplido las expectativas tan largamente soñadas. Sin embargo, hay un circo extraño y pueril alrededor de Michelin que ha llevado a que parezca que sea más importante el quién que el qué, las formas que el fondo, el envoltorio que la realidad. Hay un espacio para el éxito de un cocinero que no tiene nada que ver con la esfera Michelin (que es muy lícita) pero que conviene reservar, cultivar y explicar. La cocina no se puede cerrar en el culto al éxito y a una pretendida sofisticación en la que en muchas ocasiones hay muy poco debajo. El negocio de la guía es cada vez más apabullante, pero es como una niebla dorada que acaba difuminando la realidad del bosque. Todo son árboles, pero los hay sin apenas raíces y en esa fotografía de cada 20 de noviembre lo mismo da una cosa que la de más allá.

MADRE SIN ROSTRO

Estaba asomada a su ventana y hacía frío. La cortina temblaba a merced de un aire frágil pero helador y cortante y en uno de los cristales se reflejaba su cara hundida y aniquilada por la falta de sueños. No era invierno todavía, sus hijos no iban a llegar nunca del colegio, pero estaba exhausta, vacía de todo y esperándolos, sin amores ni risa, sin presagios; hasta el deseo se le había borrado de sus senos y de su entraña. Ya no podía concebir el amor, ni las palabras de aliento, ni tan siquiera era capaz de mirarse al espejo y no ver aquellas cicatrices que habían arrasado su rostro desvencijado por el odio. Era la madre sola de la ventana que veía siempre cuando iba al colegio, la madre mustia sin hijos, la madre a la que estampaban cada día por ser y estar, por decir o por no decir, si la comida estaba buena también le pegaba, si llovía la crujía y si hacía calor la reventaba contra el suelo como una cucaracha. La madre sola de todas las madres, la madre que se sabía al dedillo cada uno de los precipicios por donde discurre el llanto y la muerte, el vacío seco y árido de la desconfianza y el silencio cómplice de los que pegan y callan cuando pegan y muerden con su boca de perro asesino. Matarían a la misma muerte, al mismo aire frágil y helador que acariciaba su cara sin rostro cuando asomaba un ojo por la ventaba y veía a sus hijos que no iban al colegio. La vi muchos días en la panadería de mi madre con los ojos enlutados y yo le daba una barra de pan sobado y me temblaban las manos como a ella le dolía no poder quitarse jamás las gafas de sol que protegían sus mejillas de las miradas asesinas y de las habladurías. Aquella madre sin rostro se me apareció ayer y no fui capaz de reconocerla.

TONDON i BLANC

Palacio Tondón es uno de esos lugares que parecen un sueño. Asomado al meandro mítico y primordial de los vinos del alma de López de Herida, lamido por el padre Ebro, que discurre manso y acompasado a su paso por Briñas y, en ocasiones, como este jueves, emboscado por esa niebla fina de Rioja que se desploma desde la Sierra de Cantabria y se pega al río para difuminar el agua y la tierra como si fuera un símbolo del encuentro (aquí lo llaman enlace) entre los espumosos de Raventos i Blanc y los platos de la cocina del estupendísimo hotel. Sólidos y líquidos en una cena suave, riojana y con una textura de una corvina perfecta de cocción que se dio la mano con Textures de Pedra, un vino de tres variedades: Xarel·lo vermell, Bastard negre y Sumol, un Blanc de Noirs muy concentrado y que recibe su nombre por el viñedo del que proviene, la Vinya Més Alta, situado en la cima del Turó del Serral, con una alfombra de piedras a sus pies. Raventos i Blanc son palabras mayores. Representa una de las más largas tradiciones vitivinícolas documentadas del mundo. Su historia es asombrosa. Desde 1497, veintiuna generaciones de esta saga han trabajado en su terruño de 90 hectáreas en Sant Sadurní d’Anoia. La finca es hermosa, la recorrí hace años y todavía recuerdo el mimo y la belleza de un espacio que se corona por una bodega de una arquitectura extraordinaria, como la presentó Jesús Marino Pascual hace unos años en una fantástica conferencia. Sin embargo, la noche tuvo uno de esos momentos difíciles de olvidar cuando se planta un vino en tu vida y te mira a los ojos. Te interpela y resume en un sorbo aromático lo que es la profundidad, el bosque negro, la maduración redonda e infinitesimal, la fragancia recóndita. Manuel Raventós 2010 es como De Profundis de Óscar Wilde: ‘De cuando en cuando, es un placer el tener una mesa con las notas rojas de los vinos y las rosas’. Es el coupage personal y anual de Manuel Raventós, con una burbuja tan fina que parece que no está, aromas tostados, mantequilla y oro viejo, como los vestidos de Rafael el Gallo. Una locura que nos contaron que sólo se embotella en años excepcionales. Menos mal, me dije. Su enlace-maridaje-fusión fue con un corderito asado y deshuesado, muy suave y cremoso con los pimientos de Tormantos centrando su punto de terneza. Me fui admirando al río, sus ojos y los aromas de Raventos i Blanc.


CONTRA EL PROGRESISMO

Sánchez coquetea con la extrema izquierda posrevolucionaria de Podemos, el artefacto fallido de Errejón y los costumbrismos regionales en su mayor parte antiespañoles, desde la carcunda peneuvista a la necesidad extrema de ERC y su socio Otegui, más  chulesco que nunca. Así es el incierto panorama de lo que el núcleo intelectual del PSOE ha venido en llamar como el progresismo español (esto de español lo digo yo para ofender a los que se sientan ofendidos). Mi admirado (y libertario) pensador Agustín García Calvo decía que las derechas, por la fuerza de las cosas, se han hecho casi por todas partes dinámicas y francamente progresistas, tanto en sus formas fascistas como en las liberales y democráticas. Porque «ser progresista, esto es, colaborar al advenimiento del futuro, es no quedarse atrás en la marcha del tiempo». Escribía Agustín que la noción de progreso no sólo no es inocente y neutra, sino que es «una de las armas y trampas más temibles del poder frente a la reclamación del pueblo, esto es, de los miserables de la tierra». Y es que Agustín, en su acracia (ficticio nombre de su abuela) ponía en contradicción dos enormes especulaciones: la libertad y el progreso, entre las que no existe «amistad posible ni componenda». Para el desaparecido filósofo zamorano, el grito de libertad estaba contra la idea misma de futuro. A estas alturas de mi vida ya no comulgo con sus cosas. Savater escribió de Agustín que «fue fundamental en mi devenir intelectual y moral encontrarle, no menos que luego despegarme de él». Me sucede lo mismo, salvando las distancias, sin duda; pero me gusta leer sus reflexiones imposibles, volver a repensarme las cosas en las que creía cuando aspiraba a ser anarquista y tener una abuela que se llamara Acracia.

ME RINDO A JUAN CARLOS FERRANDO

Las alubias blancas de Anguiano con codorniz rellena de foie y hierbas es uno de esos platos que definen a un cocinero y a una cocina, también a una filosofía y una forma de sentir el oficio de la gastronomía (las probé en primavera y todavía no se me ha olvidado). Esta obra es de Juan Carlos Ferrando, un cocinero absolutamente largo, con oficio, conocimiento, pasión y que encima no se da importancia ni coba con la sutileza de sus platos repletos de potencia, paradojas y sabor pero teñidos siempre de un fino equilibrio que se sustenta en el armazón de su irrenunciable modernidad. Ferrando me invitó el martes a una cena ‘gastroefímera’ con David Goerne, un cocinero alemán con una estrella Michelin que tiene un restaurante que es un castillo en Normandia. «Vente, pibe», me dijo con ese acento bonaerense entre Cecilia Roth y Mario Kempes. A mí me gusta tanto la cocina de Ferrando como su sonrisa de niño pícaro que siempre quiere jugar: «Un alemán en Normandía. ¡Fíjate!», me espetó. Tuve la suerte de cenar en la cocina, con otros dos periodistas que me dejaron casi a la espalda de la locura de los diez pases, el trabajo emplatando, el devenir de vinos y champanes de la maravillosa velada con los camareros como un ballet invisible de platos, cubiertos y copas. ¡Y cómo nos gusta esa danza! Escuchaba a Ferrando por detrás, con el chef alemán explicándonos las técnicas y sus platos y Juan Carlos sonriendo después de esa ostra con patata roja, que me llegó al alma con un champán de Mennetrier extra brut (2016), una barbaridad sólo a la altura del Selección Especial de Viña Ardanza, del año diez, un vino que es pura seda, para llorar, como le dije a Julio Sáenz, enólogo y artífice de un líquido que conjuga como pocos el alma clásica del ‘coupage’ riojano, con esa garnacha de la Pedriza que tanto amamos. Esa finca es pura piedra, un manto infinito de cantos. Sus uvas son suaves y tánicas, de taninos pulidos por el sol y el viento. Poesía vinosa. Hubo otro plato desconcertante, que ya no quise apuntar pero que me encandiló por su rareza metafísica: un tartar de jabalí, con la chiribía (un tubérculo al que no le cojo el punto) y el alcaparrón, que me lo comí cogiéndolo por el rabo y de un bocado. La vieira del alemán también estaba muy rica, como la trufa, extraña por dentro con una densidad terrosa en su textura para iniciados. Placer. Hubo dos vinos más: Martelo y un apoteósico final con un 904 Gran Reserva también de la añada que coronó la primera década de este siglo atribulado. Me gusta la cocina de Juan Carlos Ferrando porque su ser genuino surge de un profundo refinamiento, de la búsqueda de ese producto que acabas amando sí o sí y que se sostiene en notas elevadas de un elegante clasicismo.
 

OTOÑO EN RIOJA

Logroño está rodeado de viñedos: las de los tres marqueses, las que casi llegan hasta el Castillo de Clavijo: Jubera y Leza por detrás y el Iregua a sus pies, las de Navarrete y el Cortijo con su montaña achatada en una mesetilla de viñedos que siluetean los meandros del río. Allí la luz no se ha andado con chiquitas y el espectáculo de los atardeceres escapando el sol por Santo Domingo de la Calzada ha cobrado especial intensidad en los días más claros, sin esa calima otoñal que difumina el escarpe rudo de los viejos montes. En La Rioja Alta los viñedos han propiciado un otoño delicado: Cuzcurrita, Ollauri y Casalarreina han destilado tonos naranjas pastel más suaves; aunque en Briones, lo oscuro de su tierra se tragaba más todavía la luz.De hecho, en La Rioja Alavesa la tierra es amarilla y los tonos de las viñas se acrecentaban como en una rica sinfonía de matices. Sin embargo, en Briones, en las suaves lomas hasta llegar a Ollauri y Gimileo, el color ha ido palideciendo más lentamente, como si el otoño no terminara de acostumbrarse al suave ritmo de los atardeceres cada vez más tempranos. Hay viñas que parecen un discurrir de setos, que se asemejan a jardines emperifollados que dibujan senderos matemáticos. Otras, sin embargo, caminan en fila india, sin triángulos isósceles, sin recovecos. Sin embargo, en las laderas es donde se dibujan los contornos más raros e indefinidos, donde las sombras no tienen parangón posible. El mar de pámpanos allí no es tal: el dibujo que percibe el espectador es como hecho a retazos, en almazuelas que se superponen unas a otras en cientos de matices. El otoño en La Rioja es mucho más que la culminación de la vendimia: es un regalo, un manantial de luz que brota y se contornea, que cada día es distinto, que apenas dura una semana pero por el que merece esperar más de un año en el calendario.



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El tempranillo se rinde al invierno con extrema dulzura, comprendiendo sus razones, con una nobleza varietal que hace que los atardeceres desde Cellórigo sean el remedo de un cuadro de Monet: luces perezosas que se cuelan en el fondo de las viñas y que rebotan en unos cielos salidos de los pinceles de Giotto: azules sin complejos, sin una nube, sin una mota que empañe la insolencia de un sol que ha convertido el declinar del verano en una inagotable sucesión de días iluminados, aún majados por un calor tan tenue que sólo acariciaba la piel si se presentaba de frente al mediodía, mirando a los ojos del horizonte, donde se confunde el carrasquedo o los pinares con las últimas laderas agrestes, esas donde sobreviven las cepas de siempre, las que se retuercen sin corsets, las que dibujan leñosas ramas que parecen músculos ancianos, rústicos, empecinados, surcados por tremendos valles, por venas enrojecidas e hinchadas por una savia vital que ahora regresa al corazón de la singular belleza de la vitis vinífera riojana, la dura cepa de sarmientos hidalgos. Hay parajes en La Rioja donde los colores de los viñedos han sido especialmente caprichosos: cada majuelo un tono, casi cada renque, cada planta disponía de su propia paleta para desafiar al repertorio inagotable del color, a la intensidad de los marrones que desfilaban en una increíble gama que se alzaba carmesí o incluso rosa para resbalar con eficacia por la una indescriptible traza de violetas, añiles, cerezas, rosas palo, marrones mil veces entreverados, ocres, rojos, anaranjados, amarillos pajizos, amarillos que coqueteaban con el ámbar o con el negro más oscuro e indefinible en hojas que estaban a punto de rodar yertas por el suelo a los pies de las vides.
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SÁNCHEZ SE ABRAZÓ A VOX

Sánchez se abrazó a Pablo Iglesias pero en realidad era a Vox al que lo hacía. El tiempo ha demostrado que el presidente en funciones únicamente se abraza a sí mismo (y a sus intereses) en un ejercicio de supervivencia con su sillón en la Moncloa como motor exclusivo de sus decisiones. Sánchez, que ha agitado el lobo de Vox desde su irrupción en Andalucía, ha utilizado la excusa de los cincuenta escaños ultraconservadores como perfecto asidero para montar en menos de 24 horas una coalición de gobierno con Pablo Iglesias y la necesidad absoluta de la retahíla infinita de siglas necesarias para construir la misma mayoría de la moción de censura a Rajoy (mayoría de progreso, la llaman) y aguardar la posibilidad remota de aprobar unos presupuestos generales. Como viene Vox y la extrema derecha acecha, ha dicho Sánchez que es lícito depender de todas las minorías periféricas que sea menester, con la posibilidad más que evidente de que ERC y Bildu se suban al carro del progreso socialista. Si Vox es fascista, tal y como declaró la diputada del PSR María Marrodán la noche de los comicios, conviene preguntarle a su señoría qué le parece el hecho de que para articular una mayoría ‘progresista’ sea necesario sumar sus votos a los de los comunistas-bolivarianos de Podemos, los sediciosos de ERC y los filoetarras de Bildu. Éste es el panorama que dejan las elecciones, que han sido un caprichoso ejercicio de estilo de Sánchez a costa de los bolsillos de los ciudadanos y que tras su fracaso en las urnas ha tomado la decisión de huir hacia adelante a toda velocidad y sin freno en un ejercicio de filibusterismo político en el que llamar contradición a sus últimas decisiones es tan engañoso como decir que el Gran Cañón del Colorado es un agujero. El agujero es él.